Que este amor surgió de
una chispa,
en un momento en el que
ni tú ni yo nos dimos cuenta.
Fuimos conquistando cada
destello de esa llama encendida.
Parece que el invierno
dio el visto bueno para que por fin
apareciera la primavera.
Esa estación que todo
remueve y todo altera.
Allí donde la vida comienza
a brotar de cada rincón.
La palabra amor,
es lo que siento y lo
que eres.

Y eres porque te siento, te pienso,
te creo.
Y no es que crea en ti, no tanto como
debería creer en mí,
pero créeme cuando te digo que te creo.
Te creo en cada pensamiento, en cada
noche que sueño despierta con tus besos, con tu cuerpo.
Te creo en mi imaginación, te creo porque
quiero, porque te siento, y porque te pienso.

Deberías darme las gracias, venerarme
cual diosa griega y ponerme en un altar,
pues si no fuera por mí, dejarías de
existir.
Serías como la hoja que cae en otoño
y se la lleva el viento,
como el diente de león que se desvanece
de un soplido,
como tú y yo, que fuimos, en pasado,
y luchamos a contracorriente por un presente sin ningún futuro.
¿Dónde estás, primavera?
Te siento, te pienso, pero sin embargo,
en ti no creo.

y se acabó,
demasiado tiempo creyendo
en ti
y no en mí.
Y se acabó la lucha interminable.
No me importas,
no me importa.
Solo eres una estatua griega
con torso, pero sin cabeza
y la poca que no se rompió
me tortura hasta lo más profundo de la mía.

Cojo mi tridente
me alzo con mi cola
y la convierto en piernas
para poder andar,
sí, andar lejos de ti
y cerca de mí.

No eres el rey de mi mar
ni soy tu musa que no puede
escapar.

Mi pecho se viste de valor
y te dejo,
te dejo fuera de mi amor
de mi vida y de mi corazón.

 

(Escrito por Thais Calvo y @SaraOlivas)

ThaisCalvo

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